24.6.07

La vuelta

Volver es cambiar, reconocer que ha pasado el tiempo y somos diferentes.
Muchos cambiamos a base de experiencias, a cual más increible:
A alguien le sentó mal la comida.

Y perdió la cabeza.


Otras sufrieron achuchones fuertes, pero no de tripa.




Algunas personas resplandecían y la gente de la calle se tapaba los ojos para evitar tanta luz:



Otro maerito para volver.

Y otro para recordarlo todo.

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Nos juntamos.


















Nos juntamos para cualquier cosa. Las parejas, ... se han llevado la palma.










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El mar, la mar, el mar, la mar, la mar,... la mar.

Nos gusta el mar. Queda lejos del patio y lo recordamos todo el curso. Este verano, ¿será más fácil?




Las entrañas de la Tierra






En la cuava del soplao no pudimos hacer fotos. Pues nada. Pero pasaron cosas raras:



Salir de la montaña



















Es como volver a nacer. Sí, un poco solamente.









Es famoso en Potes el orujo de 40º. Aquí no habíamos llegado todavía, estábamos en Espinama con 39º. Pero no de orujo, sino de fiebre.

Después toca autocar para llegar a Potes y descansar merecidamente.





No hay vuelta atrás



La vida, la historia, los amores no tienen vuelta atrás. En todos los caminos hay un punto en el que uno se decide definitivamente sabiendo que después no valdrán lamentaciones.
Estamos en la horcadina de covarrobres. En ella los caminos se cruzan: Hacia el norte, lo que vemos. En la fotografía se ven las primeras curvas de la vueltona, camino que nos adentra en la alta montaña de los Picos. Al fondo el Pico Tesoreso, nevado. En frente, la pared de los Horcados Rojos. La senda recorre las laderas y canchales de la Peña Vieja.

Pero Nuestro camino es otro: hacia el este se abren los prados de la vega de Áliva. Desde la horcadina hasta el final será todo bajada. Todo.
En el camino la Peña nos mira. Hoy no la molestamos y ella se complace de vernos. Caminamos con buen tiempo. Si el sol cayera como sabe, todo sería más duro. Pero las nubes nos cubres como si la Peña estendiera un manto de frescura para los cuarenta.


Arriba todo es hermoso



Arriba todo es hermoso.


Las rocas abren su gris característico y las montañas enseñan su rostro más puro.



No es lugar para dudar: uno respira y tira.



Las montañas te miran desde sus alturas, pero no te muestres acobardado, sino se reirán de ti.



La imaginación aquí sirve, pero poco. Aquí, los pies en el suelo.



Allí estábamos los cuarenta. Unos chulitos.

Esto es lo que se ve desde arriba, desde dentro del teleférico:
De izquierda a derecha: Peña Remoña con su falda verde que da a la vega de Liordes . Al fondo "pequeñita" la Torre Salinas, y con algún nevero la Torre del Hoyo de Liordes. Más cerca, y mostrando el perfil de su magnífica pared, el pico Padiorna.